Hamnet
Me he obsesionado.
La semana pasada fui al cine a ver Hamnet y me voló la cabeza. Al día siguiente me compré la novela, la he acabado hoy y me la ha volado todavía más.
Tengo la sensación de que todo el mundo sabe de qué va la historia y lo que pasa. No creo que pueda considerarse spoiler contar algo que ocurrió en el siglo XVI y que viene como referencia histórica en la primera página de la novela, pero si te pasa que todavía no sabes absolutamente nada y prefieres mantenerte virgen, entonces no leas esta newsletter todavía porque aunque no voy a destripar mucho, sí voy a hablar del tema central, de lo que pasó.
No voy a hacer una reseña porque no sé. Mis reseñas suelen ser una frase en mi cuaderno de lecturas del tipo “brutal, sin palabras, quiero escribir así algún día” o bien “un truño, dejé el libro a la mitad, ¿cómo pude comprarme esto?” Así que lo que voy a hacer es solamente dar salida a mi obsesión. A ver si así se me pasa.
“ En la década de 1580, una pareja que vivía en Henley Street (Standford) tuvo tres hijos: Susanna y Hamnet y Judith, que eran gemelos.
Hamnet, el niño, murió en 1596 a los once años.
Cuatro años más tarde su padre escribió una obra de teatro titulada Hamlet.”
A principios de 2021, pocos meses después de que se publicara la novela, mi amiga M. me la recomendó, no sin antes advertirme de que me iba a pasar tranquilamente la mitad del libro llorando.
Recomendación de mi amiga M. + Maggie O’Farrell era una apuesta segura, pero en aquel momento yo hacía pocos meses que había parido y nos econtrábamos en medio de una pandemia mundial, así que el tema me pareció too much. Ya lloraba mucho y no me apetecía llorar más.
Lo veía en las librerías y siempre pensaba “algún día”. Hasta que este año, en nuestra ya tradicional salida al cine con los alumnos de la escuela, la escogieron. Mierda, pensé, tendría que haber leído el libro primero.
Pues no. Me alegro, sin que sirva de precedente, de haberlo hecho al revés. Creo que hacerlo así me ha permitido disfrutar muchísimo de las dos cosas. Creo que si lo hubiera hecho al revés, la película me hubiera parecido menos buena y no es justo. Sin tener yo mucha idea de cine, me parece que el elenco y la dirección son impecables y merecen todos los oscars a los que están nominados. Maggie O’Farrell ha coescrito el guión y se nota.
Empecé a llorar en el primer parto de Agnes y no paré hasta el final. Se me empañaban las gafas, se me acababan los pañuelos. Cuando acabó, deseé que no encendieran las luces de la sala hasta que mi cara volviera a ser algo digno. Al fin y al cabo, estábamos trabajando. Cuando las encendieron, miré a mi amiga E. que estaba sentada a mi lado e hicimos una primera reseña verbal rápida y locuaz:
-Joder, ¿no?
-Sí, sí, joder.
Toca tantos temas y me ha atravesado de tantas maneras que no sé ni por dónde empezar.
Cuando llegué a casa, le conté a G. que encima, el niño de la película se parece a nuestro hijo. “Es él pero en rubio, de verdad, búscalo y verás”, le dije todavía llorosa. G. buscó una foto y cuando la encontró, giró el móvil hacia mí ojiplático, para que lo volviera a mirar bien, como si se me hubiera ido la olla del todo.
Ayer todavía comentábamos la película con algunos compañeros de la escuela y uno de ellos dijo: “es que encima el niño se parece a mi hijo”.
-“¿A que sí?” respondí esperanzada. “Al mío también”.
Es absurdo y no lo es. Porque el actor no se parece a ninguno de los dos pero mientras estás sentado en la butaca sorbiéndote los mocos y desempañándote las gafas, lo que hace tu mente es quitar al hijo de Agnes de la escena y poner al tuyo.
Y lloras porque de repente piensas que podría ser él.
Que encima es el mediano.
Y tiene dos hermanas.
Y una de ellas está malita.
“lo que se nos da se nos puede quitar en cualquier momento (…). La cuestión es no bajar nunca la guardia. No creer nunca que se está a salvo. No dar nunca por hecho que el corazón de nuestros hijos late, que tus hijos beben leche, que respiran, que andan y hablan, sonríen discuten y juegan, No olvidar ni un momento que pueden desaparecer, que te los pueden robar en un abrir y cerrar de ojos, que se los pueden llevar como leves vilanos”
Pero a pesar de la dureza y la crueldad de la situación, no creo que sea solo una historia sobre la muerte y el duelo. A mí me parece principalmente una historia maravillosa sobre el vínculo entre hermanos. Y sobre la relación entre padres e hijos. Y sobre la pulsión creativa que nos lleva a no encajar en lo que se espera de nosotros. Y sobre el amor de pareja. Y sobre ser diferente. Y sobre la culpa. Y sobre la infancia. Y sobre las crisis de pareja y de familia. Y también me parece un homenaje a las madres y a las mujeres de todos los tiempos.
“¿Cómo se dice, pregunta Judith a su madre, cuando una persona tenía un gemelo y ya no lo tiene? (…) Si estás casada, continúa Judith, y tu marido se muere, entonces eres viuda. Y si a un niño se le mueren los padres se convierte en un huérfano. Pero, ¿cómo se dice lo que me pasa a mí?”
El nombre de Shakespeare no se menciona en toda la novela. Dice Maggie O’Farrell que quería que los lectores olvidaran todo lo que creen que saben sobre este icono literario y vieran solamente al padre, al marido, al amante. Esto se consigue en gran medida también en la película, hasta casi al final, donde su cuñado sí menciona su nombre completo.
Al salir del cine, uno de mis alumnos, de 17 años, me dijo que le había encantado la película y que había flipado al darse cuenta al final de que el tipo era Shakespeare, que no tenía ni idea. Qué contenta se hubiera puesto Maggie O’Farrell si lo hubiera oído.
Sigo obsesionada.


Tu droga es mi droga :-) Supongo que ya habrás visto millones de veces el baile final de Rihanna y que tu Sugeridos de Instagram está lleno de reels de Paul Mescal, a cada uno de ellos más misterioso e increíblemente atractivo... Estamos ahí también.
Totalmente de acuerdo en que si hubieras llegado primero al libro que a la peli, hubieras sido menos complaciente con la peli... Hay cosas de la peli que no las perdono.
Jajajaja! Por supuesto sí al baile final de Rihanna y sí al algoritmo loco y yo pensando si Shakespeare estaría la mitad de bueno que Paul Mescal.